Volviendo a casa

Actualizado: 28 de jun de 2020

“You can check out any time you like

But you can never leave”

Hotel California (The Eagles)

Empiezo este escrito a más de diez mil pies de altura, sobrevolando el Mar Negro, en mi tránsito alrededor del mundo para llegar a casa. Pude dormir profundamente cerca de seis horas durante mi segundo vuelo de Bangkok hacia Amsterdam y desperté con una hermosa visión del amanecer desde la ventanilla del avión, la imagen de John Lennon y George Harrison en la pantalla del asiento enfrente mío y una caravana de pensamientos desfilando en mi cabeza, así que me puse de inmediato a escribir para tratar de organizar lo que pasa por mi mente en este instante.

En el primer vuelo, Manila-Bangkok, mientras despegaba el avión y sobrevolaba la capital de Filipinas, empecé a sentir un nudo en la garganta y un sinfín de sentimientos encontrados que se atoraban en mi pecho, pero cuando pasamos por encima de la Bahía de Manila y al ver en la noche la imagen de todos los barcos allí anclados, iluminando con sus luces el oscuro mar, fue imposible evitar romper en llanto. Saber que allí abajo podría estar yo, una y quién sabe cuántas noches más, pero que en cambio hoy mi realidad cambiaba y tenía la oportunidad de presenciar esta imagen desde las alturas, fue un instante de euforia total, en el que chocaban entre sí muchas sensaciones contrastantes: fue bello y triste, alegre y melancólico, reconfortante por saberme fuera ya de esa realidad y angustiante de salir a encontrarme cara a cara con este “nuevo mundo” cuyo símbolo es el tapa bocas. Pensé en los demás que aún esperan ir a casa y aunque sea gracioso, pensé también en mi amigo el fantasma quien apareció misteriosamente en forma de Yoko Ono en el documental “Above us only sky” que la persona de adelante estaba viendo, y que luego yo también vi después de luchar para encontrarla en el menú. Sí, pensé en aquel fantasma que soy yo al final o cualquiera que haya pasado por una situación similar y simboliza lo que de nosotros queda rondando a la deriva en el “Hotel California”.

Volar de vuelta a Colombia, algo que en condiciones normales sería una situación de rutina, fue algo verdaderamente extraordinario, especialmente hacerlo desde el lugar donde me encontraba, en las actuales condiciones podría decirse que fue casi milagroso y lo pude constatar al llegar al aeropuerto de Manila y ver en las pantallas más del 90% de los vuelos cancelados, siendo nuestro vuelo de los pocos en pie y así fue de igual manera, en la mañana en que regresábamos a Bogotá desde Bruselas en un vuelo humanitario, en medio de protocolos de seguridad y salubridad nunca antes experimentados, tanto en el momento de abordar como al arribo a Colombia, nuestro vuelo fue de los muy pocos que lograron despegar. Me sentí de verdad orgulloso de haber conseguido volver pues no fue nada fácil y sé que lo que conseguimos se logró gracias a mucho esfuerzo y la ayuda de muchas personas. Soy afortunado pues tristemente los demás colombianos en la Bahía de Manila aún siguen atrapados sin una posibilidad clara de regresar aún, así como cientos de miembros de tripulación provenientes de muchas nacionalidades aún atrapados, luchando con gobiernos y entidades para que se les permita volver a casa, algunos de ellos con cinco meses ya sin poder pisar tierra.

Hace poco, cuando cumplía 80 días atrapado en el barco, declaré en voz alta con una canción que el viento pronto soplaría a mi favor, que ya se acercaba mi momento y que todo solo podría estar mejor y así fue. Como escribía en mi entrada anterior, creo firmemente en el poder del pensamiento y de la palabra. Estoy seguro de que son artífices de todo lo que nos rodea y sé que haber decretado para mi esta realidad, desencadenó en el universo lo que hacía falta para conseguir lo que estaba buscando. Seguramente, aunque en el plano material la oportunidad para mí de regresar a casa se consiguió por medio de múltiples trámites oficiales que se aceleraron gracias a la presión directa de algunas personas que fueron clave en este proceso, en el trasfondo, creo que no es otra cosa que la materialización, no solo de mis plegarias, sino de toda la energía que emanó de tantas personas al haberme tenido en sus pensamientos, en sus oraciones y en todos los mensajes de apoyo que día a día llegaban a mí. Cada uno pendiente de colaborar de algún modo con mi causa desde sus posibilidades.

Al final, decidir abrir mi corazón y exponer mi situación particular al mundo exterior fue lo mejor que pude haber hecho. Estaba muy prevenido porque sé que en estos momentos la situación es difícil para casi todos por igual y además porque no quería atravesar por la guillotina de la opinión de tanta gente que ni siquiera me conoce y poco o nada tiene que ver conmigo, sin embargo, aunque efectivamente algo de eso hubo, es insignificante comparado con toda la solidaridad, cariño y apoyo recibido y por el cual estaré agradecido de por vida. Ahora que regreso a una condición “normal”, continuaré devolviendo tanto afecto como pueda, de la mejor manera que conozco que es compartiendo mi talento con el mundo.

De lo más positivo de esta experiencia ha sido reconectar con tantas personas maravillosas alrededor del mundo, especialmente a través de la música. Ha sido muy especial comprobar que lo que hago es inspiración para muchos y que el propósito inicial de compartir mi canto para acompañar a los demás en sus vidas se ha cumplido. Me han llegado muchos mensajes de agradecimiento realmente conmovedores que dan cuenta de que no sólo las canciones, sino también las imágenes y las palabras, han tocado el corazón de cientos de personas y eso me alienta a seguir adelante con lo que hago.

La gran moraleja de esta historia se resume en hacer de la adversidad algo positivo en nuestras vidas y compartir esa transformación con los demás. Es algo que además he visto en algunas personas a mi alrededor a quienes admiro profundamente, quienes han visto sus planes truncados parcial o totalmente por esta compleja situación global pero que en vez de llorar sobre el agua derramada, han sacado lo mejor de sí para encontrar nuevas formas de hacer y han conjurado enormes bendiciones para sí mismos y su entorno a partir de la aparente desgracia, en otras palabras, Alquimia pura. Más recientemente, las muertes de George Floyd o Breonna Taylor, solo por mencionar dos nombres de miles, están haciendo que las personas busquen mejorar y deshacerse de todo el racismo que habita en nuestras sociedades y nuestras mentes.

Ahora, cuando regrese a tierra, aprender a jugar este nuevo juego y enfrentarme a este mundo bizarro serán el verdadero reto, pero cada día con su afán, por ahora llegar a casa es lo único que importa y aunque quisiera correr a abrazar a mis hijos, a mis padres y brindar con mis amigos en Colombia, sé que debo esperar un poco más hasta cumplir con mi aislamiento preventivo obligatorio, lo cual es poco cuando se sabe que ya se está en el hogar. Solo me resta esperar que podamos volver viajar normalmente por el mundo, pues hay muchos amigos por abrazar y por supuesto, volver a Croacia a reencontrarme con mi querida y paciente compañera, lo cual espero que sea posible muy pronto. Entre tanto disfrutar y sacar provecho al máximo de estos días en casa.

Por último, pero no menos importante, sea este un mensaje de agradecimiento especial a todos los que al día de hoy han apoyado mi trabajo y han hecho llegar su aprecio por medio de sus contribuciones monetarias, las cuales sin duda son una enorme ayuda para poder seguir adelante en los tiempos que vienen y que aunque se presentan difíciles, seguramente traerán consigo nuevas posibilidades y continuarán sacando a flote lo mejor que hay en nosotros.

Termino este escrito desde la comodidad de mi cama mientras afuera la lluvia cae. Mi ciudad me recibe sola y lluviosa, sin duda, la mejor versión de Bogotá. Hoy alguien me dijo que será muy extraño imaginarme ya no en el barco si no en mi casa, supongo que tiene mucho de romántico y que definitivamente algo de mi imagen quedará anclada para siempre a esa mansión flotante que súbitamente se convirtió en una especie de prisión en algún momento y de la que logré disfrutar también en algún momento, pero de la que conseguí escapar, finalmente. Es temprano para decir si he de volver o no, lo que sí sé, es que perder la libertad por alguna razón es una experiencia de esas que marcan y que a pesar de todo, merece la pena ser vivida porque nos hace valorar mucho de lo que damos por sentado, apreciar las cosas de una manera distinta y aunque ahora mismo no se puede decir que seamos del todo libres, se siente bien por lo menos que el encierro sea ya no en el medio del mar, sino en el calor del hogar.

P.D.: En unos días publicaré una bitácora en video sobre todo el proceso de regreso a casa y para aquellos que comentaron que extrañarán mis canciones diarias, les recuerdo que esto sigue. Mi ejercicio de canciones desde el aislamiento continua. Establecí como objetivo llegar a publicar 111 canciones y eso haré, muchas las dejé ya grabadas en los últimos días en el barco y otras las haré desde mi aislamiento en casa. Vienen cosas bonitas. La música no puede parar.

“Sacar belleza de este caos es virtud”.

Gustavo Cerati

Bogotá, 11 de Junio de 2020

ENGLISH

Going Home

“You can check-out any time you like

But you can never leave”

Hotel California (The Eagles)

I started writing this more than ten thousand feet above, flying over the Black Sea, during my transit around the world to get back home. I was able to sleep tight-ish about six hours during my second flight from Bangkok to Amsterdam and woke up to a beautiful sunrise from the airplane window, the image of John Lennon and George Harrison on the screen of the seat in front of me and a caravan of thoughts parading through my head, so I immediately started writing to organize what´s going thru my mind right now.

On my first flight, Manila-Bangkok, as the plane took off and flew over the capital of the Philippines, I began to feel a lump in my throat and a host of mixed feelings stuck in my chest, but when we flew over Manila Bay, seeing at night the surreal image of all those huge cruise ships anchored there, reflecting their lights over the dark sea, it was impossible not to break into tears. Thinking of all the remaining people on those ships and that I could be down there, not one but who knows how many nights more and instead, today my reality changed and the chance was given to me, to witness this scene from the above, it definitely was a moment of total euphoria, in which contrasted feelings crashed with each other: it was joyful and melancholic, glorious and nostalgic, it was comforting to know that I was already out of that bubble and distressing to go out to meet face to face this “new world” whose new symbol is the face mask. I thought of those who are still waiting to go home and although it is silly, I also thought about my friend “The Ghost on The Ghost Ship” that mysteriously appeared in the form of Yoko Ono in the documentary "Above Us Only Sky", which the person in front of me was watching and that after struggling to find it in the menu, I watched it too. Yes, I thought of that ghost that is me or anyone who has been in a situation like that, and symbolizes what remain of us drifting in that kind of "Hotel California".

Flying back to Colombia, something that under normal conditions would be a routine situation, was something truly extraordinary, especially flying from the other side of the world, it could be said that it was almost miraculous and I could pretty much experienced it when I arrived at the Manila airport and saw the screens with more than 90% of the flights being canceled but our flight being one of the few still open and so it was, just as on the morning we flew to Bogotá from Brussels on a humanitarian flight, in the midst of safety and health protocols like never before, both at the time of boarding and upon arrival in Colombia, our flight was one of the very few that managed to take off. I was really proud of having managed to return because it was not easy and I know that what we made it real, thanks to a lot of effort and the help of many people. I´m very fortunate, sadly a few Colombians in Manila Bay are still stranded without no clear possibility of returning yet and many more crew members from diverse nationalities are still struggling with governments and agencies to be allowed to go home after almost five months without being able to set foot on land.

A few days ago, when I was already 80 days trapped on the boat, I declared out loud with a song that “the wind would soon blow for me”, that my time was coming and everything could only be better and so it was. As I wrote on my previous entry, I firmly believe in the power of thought and the word. I´m convinced they are architects of all that surrounds us and I know that having decreed that reality for me, unleashed in the universe what it took to get what I was looking for. Surely, although on a material level, the opportunity for me to return home was achieved through multiple official procedures that were accelerated thanks to the direct pressure of some people who were key in this diplomatic process, in the background, I think it is no other thing than the materialization, not only of my own will, but of all the energy that emanated from so many people who have had me in their thoughts, in their prayers and in all the messages of support that day by day reached me. Each one kindly keen to collaborate with everything they have in their hands.

In the end, taking the decision to open my heart and expose my particular situation to the outside world was the best thing I could have done. I was very prevented to do so because I know that in these present moment, life may not be easy for almost anyone and also because I did not want to go through the blade of any unknown people´s opinions who do not even know me or have little or nothing to do with me, however, although there was indeed some of that, it was insignificant compared to all affection, solidarity and support received these days and for which I will be grateful for life. Now that I return to a “normal” condition, I will continue to return as much affection as I can, in the best way that I know of by sharing my talent with the world.

Most positive thing about this experience has been to reconnect with so many wonderful people around the world, especially through music. It has been very special to acknowledge that what I do could be inspirational for many and that I have succeeded in the initial purpose of sharing my songs to give some kind of companion to others in their isolation. I have received really moving messages that tells me not only the songs, but also the images and words, have touched the hearts of hundreds of people and that encourages me to continue doing what I do.

The great moral of this story comes down to turn adversity into a positive thing in our lives and sharing that transformation with others. It is something that I have also seen in some people around me whom I deeply admire, who have seen their plans partially or totally falling apart due to this complex global situation but who instead of crying over the spilled water, have brought out their best to find new ways of doing and have conjured enormous blessings for themselves and their environment from the apparent misfortune, in other words, pure Alchemy. Very recently the deaths of George Floyd or Breonna Taylor, just to mention two out of a thousand names, is making lots of people try to improve themselves in getting rid of all the racism inside our societies and our minds, and that’s turning something negative into something positive.

Now, when I set foot on land, learning to play this new game and facing this bizarre world will be the real challenge, but every day with his rush, for now, getting home is the only thing that matters. Now, even if I wanted to run to hug my children, to my parents and have one too many toasts with my friends in Colombia, I know that I must wait a little longer until I fulfill my mandatory preventive isolation, which is nothing when you know you are already home. I long for traveling around the world normally come back again soon, there´s too many friends to hug and of course, to be finally able to return to Croatia to meet my dear and patient, I hope it will be very soon. But in the meantime, make the best out of these precious days at home.


Last but not least, let this be a big “THANK YOU” to all those who, to this day, have supported my work and have sent their appreciation through their money contributions, which undoubtedly are an enormous help to be able to move forward in the times that come, but as I said, though they are difficult, they´ll surely bring new possibilities and will continue to take the best out of us.

I finish these words from the comfort of my bed while the rain falls outside. My city welcomes me rainy, the best version of Bogotá indeed. Today someone told me it will be very weird to imagine myself no longer on the boat but at home, I guess that something of my self-image will be anchored forever to that floating mansion that suddenly became some kind of prison, but from which I finally managed to enjoy and escape. It is early to say if I will ever return but what I do know is that losing freedom for any reason is one of those experiences that leaves a mark on us and that after all it´s worth living because it makes you appreciate much of what we usually take for granted and make us value those “normal” things in a different way and although right now, I cannot say we´re completely free, it feels good at least that confinement is no longer in the middle of the sea but in the warmth of my own home.

PS: In a few days I will post a video blog about the going home process and for those who already say they will miss my songs every day, I remind you that it continues. My exercise of songs from isolation goes on. I set a goal to get to post 111 songs and I will do that, many of them I´ve already recorded during the last days on the ship and others I will do from my isolation at home. Great things are coming. Music cannot stop.

“Sacar belleza de este caos es virtud”

Gustavo Cerati

Bogotá, June 11th - 2020


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