Odisea en el mar

Actualizado: 9 de jun de 2020

ODISEA EN EL MAR

El pasado 15 de Marzo de 2020 ocurrió lo impensable, la industria de los cruceros, una de las más poderosas en el mercado del turismo global, se vio obligada a detener su operación por tiempo indefinido debido a la pandemia del coronavirus. Una industria que en sus décadas de existencia jamás se vio enfrentada a una crisis de estas proporciones.

Soy Juan Jade, músico y cantante colombiano, padre de tres bellos hijos y por más de cuatro años vengo desempeñándome como artista a bordo de los cruceros de la compañía P&O Australia, acompañando con música las noches de los miles de pasajeros que eligen pasar sus vacaciones en medio del mar, presentando shows especiales tributo a dos de las bandas ícono de la música: The Beatles y Queen.

Al igual que muchos otros músicos en Colombia encontramos en este empleo una manera de hacer realidad ese sueño que es tan difícil de conseguir en nuestro país: vivir de lo que amamos hacer, viajar por el mundo y que nuestro arte sea valorado de una manera justa. Sin embargo, aunque parezca el trabajo soñado, es algo que no está diseñado para todo el mundo, hay diversos factores que juegan en contra, como el estar completamente aislado y lejos de los seres queridos por largas temporadas, muchas veces pasando semanas sin ver otro paisaje que el azul del mar.

La crisis del coronavirus me agarró mientras estaba a bordo del crucero Pacific Explorer. Tras pasar casi un mes en remodelación en Singapur, tuvimos que regresar sin pasajeros a Sydney, el que fuera hasta entonces nuestro puerto base. Una vez allí, hicimos un último crucero de tres días con pasajeros pero a la mitad de éste, el Capitán hizo un anuncio oficial comunicando la cancelación del itinerario y el retorno a tierra para una pausa indefinida. Una vez los pasajeros lograron ser desembarcados, quedamos a bordo más de 600 miembros de tripulación sin la posibilidad de abandonar el barco y en absoluta incertidumbre acerca de nuestro futuro laboral y nuestro posible regreso a casa.

A partir de ese momento ya no pudimos poner pie en tierra. Incluso a compañeros provenientes de Australia les fue negada la entrada a su propio país. Los días empezaron a pasar sin ninguna comunicación oficial, poco a poco veíamos arribar al puerto otros barcos provenientes de distintos lugares buscando desembarcar pasajeros para que regresaran a casa, fue entonces cuando el escándalo del crucero Ruby Princess se hizo público, como es sabido, un gran porcentaje de los casos positivos de Covid-19 en territorio australiano tuvieron origen en esta embarcación. Tras más de veinte días anclados en puerto y luego de una serie de decisiones controvertidas por parte de las autoridades, se nos ordenó a todos los barcos abandonar aguas australianas y retornar a nuestros países de origen, en el caso nuestro, aunque somos parte de una filial australiana de la compañía, la nave es de bandera inglesa.

A partir de ahí empezó nuestra verdadera odisea, navegando días enteros sin rumbo fijo mientras los agentes en tierra trazaban una hoja de ruta que permitiera llevar a cabo la repatriación de los miembros no esenciales para la operación del barco. Ir navegando hasta Inglaterra se presentaba como una opción descabellada y tras consultar con varios países que se negaron a recibir a la flotilla, se logró finalmente negociar con el gobierno de Filipinas que se nos permitiese anclar en sus aguas y permitir repatriar a la tripulación filipina, la cual es mayoría a bordo y de ser posible, gestionar vuelos para los demás miembros de otras nacionalidades.

Gradualmente fueron también llegando muchos más barcos en la misma situación, en este momento en la bahía de Manila se pueden contar cerca de una veintena de barcos, cada uno con un promedio de quinientas personas esperando poder reunirse con sus familias.

Las autoridades ordenaron que los ciudadanos de Filipinas entraran en absoluta cuarentena por catorce días como requisito para poder ir a casa, sin embargo al día de hoy ya se va a cumplir un mes y aun no logran desembarcar por un sin fin de inconvenientes de todo tipo que se han venido presentado en el camino, entre ellos en días pasados el paso del tifón Ambo por la bahía de Manila que obligó a todas las embarcaciones a navegar de nuevo hacia aguas internacionales para no ser golpeados por la tormenta, lo que no nos dejó más opción que suspender todas las actividades de repatriación. Para mantener la moral en alto y hacer los días más llevaderos, hemos venido realizando diversas actividades de entretenimiento y de acondicionamiento físico, se organizó una emisora a bordo en la que participo programando un especial de rock y por medio de la cual estamos en constante comunicación con los colegas en aislamiento.

Cabe anotar que por suerte el barco en el que me encuentro nunca tuvo ningún caso confirmado a bordo, y digo por suerte porque sé que hay muchos compañeros en otras embarcaciones no solo acá sino alrededor del mundo que lo han pasado mucho peor pues han tenido que estar en aislamiento absoluto, aun sin estar contagiados, otros han tenido que convivir con el virus y en el peor de los casos, ver la muerte de cerca. Recientemente también nos llegan informes de varias personas que se han quitado la vida en barcos alrededor del mundo, en medio de la desesperación por el aislamiento y la incertidumbre. Nosotros hemos logrado mantenernos libres del virus, se ha hecho un seguimiento estricto de cada uno de los miembros de tripulación por medio de chequeos de temperatura dos veces al día desde hace más de sesenta días y se ha observado estricto cumplimiento de las normas de higiene, salubridad y distanciamiento social.

Por fortuna los músicos somos una especie que sabe llevar bien el aislamiento, no obstante la crisis hace mella en la salud mental y el equilibrio emocional de todos por igual, así que desde que esta situación comenzó y a la par con la instauración de la cuarentena obligatoria en Colombia al igual que en varios lugares del mundo, decidí empezar a publicar una canción por día en mi perfil de la red social Facebook, que es la única en la que lo he podido hacer con la limitada conexión a internet que tenemos a bordo y en vista de que, por la misma razón, me es imposible hacer una trasmisión en vivo como vienen haciendo casi todos los músicos alrededor del mundo. De igual manera empecé a escribir un blog semanalmente el cual está alojado en mi página web y he documentado todo este proceso por medio de una colección de fotografías bajo el nombre de “Postales desde el barco fantasma” la cual he venido subiendo a mi cuenta de Instagram. Estos ejercicios me han ayudado a estar en contacto con la gente que me sigue, a mantenerme mentalmente sano y creativo y a la vez me ha producido una gran satisfacción el hecho de poder acompañar el aislamiento de muchas personas alrededor del mundo, que han disfrutado de alguna de mis interpretaciones, han compartido mis publicaciones y han enviado cientos de mensajes de aprecio y apoyo en estos duros momentos.

Han pasado más de dos meses ya y mientras escribo este relato, salvo unos compañeros de Indonesia y algunos de Australia que partirán en los próximos días, soy el único músico que queda a bordo, mi contrato laboral terminó oficialmente hace días ya y aunque tengo la fortuna de contar con alimentación y un lugar donde dormir asegurado, el sueño se hace difícil de conciliar, la ansiedad se hace presente y por momentos la esperanza flaquea. No veo el momento de ser llamado a abordar rumbo a mi casa.

Hasta el momento se ha logrado la repatriación de la mayoría del personal proveniente de países que aún mantienen abiertos sus aeropuertos como Inglaterra, Estados Unidos y algunos países de Europa. Otros que tienen sus fronteras cerradas como el caso de Nueva Zelanda, han logrado gestionar vuelos humanitarios, todo esto por medio de complicadas gestiones con un sin número de agencias gubernamentales, envueltos en un verdadero drama de hacer y deshacer equipajes una y otra vez, contar con tiempos record para tener toda la documentación en regla, abandonar el barco en botes salvavidas con el equipaje al hombro, maratones para lograr llegar a tiempo a abordar los escasos vuelos (muchos de ellos perdidos en el último momento) y travesías de más de tres días en conexiones alrededor del mundo sin quitarse el tapa-bocas por un instante, hasta finalmente llegar a destino, en la mayoría de los casos, a cumplir con la cuarentena exigida por las autoridades locales.

Yo entre tanto sigo en lista de espera pues desafortunadamente no hay vuelos comerciales aún hacia Colombia y aunque la compañía ha hecho todo lo posible, ha sido muy difícil la coordinación para lograr tomar alguno de los vuelos de repatriación que la Cancillería Colombiana ha dispuesto, esto debido en gran medida a que ninguno de esos vuelos tiene origen en la ciudad de Manila donde nos encontramos. Debo decir de todas maneras que el apoyo por parte de los entes gubernamentales colombianos ha sido prácticamente nulo y que nos sentimos en gran medida abandonados, tengo entendido que otro grupo grande de trabajadores colombianos a bordo de un crucero de otra compañía fueron trasladados en barco hasta Cartagena y el gobierno no les permitió la entrada. Siendo nosotros minoría acá donde me encuentro es mucho más difícil que seamos tenidos en cuenta, a diferencia de otros países como Argentina, que aunque también permanece con sus fronteras cerradas, sus funcionarios se han mostrado verdaderamente preocupados y dispuestos a agilizar los procesos de repatriación, han mantenido comunicación directa y constante con sus ciudadanos hasta lograr que efectivamente sean ubicados en vuelos organizados por su gobierno.

Hoy le pido a los entes gubernamentales colombianos que atiendan nuestro mensaje de auxilio, en nuestro caso tenemos la suerte de estar respaldados por una compañía que puede costear los elevados precios de estos “vuelos humanitarios” y aun así no se ha podido conseguir una gestión exitosa, no puedo imaginarme a los demás que tendrán que costearse el regreso a casa de su propio bolsillo. Espero que alguien pueda interceder por los compatriotas que como yo estamos esperando volver a casa a reunirnos con nuestros seres queridos, necesitamos soluciones ya, nuestras familias nos esperan.

Manila, Filipinas.

Mayo 19 de 2020

ENGLISH

ODYSSEY AT SEA

On March 15, 2020 the unthinkable happened, the cruise industry, one of the most powerful in the global tourism market, was forced to stop its operation indefinitely due to the coronavirus pandemic. An industry that in its decades of existence never faced a crisis of these proportions.

I am Juan Jade, Colombian musician and singer, father of three beautiful children and for more than four years, working as an artist on board P&O Australia Cruises, accompanying with music the nights of thousands of passengers who choose to spend their vacations in the middle of the seas, starring in special tribute shows honoring two of the most iconic bands in music history: The Beatles and Queen.

Like many other musicians in Colombia, we found in this job a way to achieve what is almost impossible in our own country: the dream of making a living out of what we love to do, travel around the world and get our craft to be valued fairly. However, although it may seem like a “dream job”, it´s something that is not suitable for everyone, there are some very challenging issues involved, such as being isolated from the world, away from family and friend for long periods of time, and spending days and weeks with no other landscape than the blue seas.

The coronavirus crisis hit me while I was aboard the Pacific Explorer cruise ship. After spending a little less than a month on Dry Dock, undergoing renovation in the port of Singapore, we had to return without passengers to Sydney, which was our home port until then. Once there, we managed to make a last three-day cruise with passengers, but in the middle of it, the Captain made an official announcement communicating the cancellation of the itinerary and the return to land for an indefinite break. Once the passengers were able to disembark, more than six hundred crew members including me, were left on board without the possibility of leaving the ship and under an absolute uncertainty about our employment status and the possibility to return home.

From that moment on we could no longer set foot on land. Even some fellow crew members from Australia were denied entry to their own country. The days began to pass without any official communication, day by day we were seeing other ships arriving at the port coming from different places, looking to disembark crew members and send them home, it was then when the scandal of the Ruby Princess cruise ship reach the media, as it is largely known, a high percentage of the positive cases of Covid-19 in Australian territory originated from this vessel. After more than twenty days anchored in port, followed by a series of controversial decisions by the authorities, all ships were ordered to leave Australian waters and return to their countries of origin, in our case, although we are part of a company's Australian subsidiary, the ship itself is English flagged.

From there our true odyssey began, sailing for days with no destination while the shore agents came up with a navigation route that would allow the repatriation of non-essential crew members. Sailing to England was definitely not an option and after consulting with several countries that refused to welcome the fleet, it was finally possible to negotiate with the government of the Philippines to allow us to anchor in its waters in order to repatriate the local crew, which is the vast majority on board and if possible, find a way for the members of other nationalities to be sent home.

Gradually, many more ships were also arriving, all in the same situation as us, at this moment in the bay of Manila there are about twenty ships, each with an average of five hundred crew members waiting to be able to get reunited with their families.

The authorities ordered the crew from Philippines to undergo a quarantine process on the ship for a fourteen days period as a requirement to be able to go home, however, today it will be a month since they started their quarantine processes and still cannot disembark due to an endless number of inconveniences of all kind, recently including the passage of Typhoon Ambo through Manila bay, all boats being forced to sail again into international waters to avoid the storm, leaving us no other option but to suspend all repatriation activities. To keep the high morale and make the days more bearable, we have been doing various entertainment and fitness activities, a radio station was organized on board in which I participate hosting a rock hits show and through which we are in constant communication with our colleagues in isolation.

It should be noted that luckily the ship I´m in never had any confirmed cases on board, and I say luckily because I know there are many colleagues on other vessels, not only here but around the world, who have had it much worse than us, going thru absolute isolation without being infected, some others have been cohabiting with the virus and in the worst cases, they have seen the death up close. Recently we also got reports of four people on cruise ships worldwide who over the last week decided to take their own lives, amid desperation for isolation and uncertainty. We have managed to keep ourselves free of the virus, each crew member´s health has been closely monitored, temperature checks have been performed twice a day for more than sixty days, and strict compliance with hygiene and social distancing regulations has been observed.

Fortunately, musicians are a species that knows how to cope with isolation quite well, but yet the crisis equally affects everyone’s mental health and emotional equilibrium, so, since this situation began and at the same time with the introduction of mandatory quarantines in Colombia, as in various places in the world, I decided to start posting one song per day on my Facebook profile, which is the only social media network I have been able to post into with the limited internet connection that we have on board, being that the main reason why I haven´t been able to do a live broadcast as almost all musicians around the world have been doing. In the same way, I started writing a weekly blog on my website and documented this whole process through a collection of photographs under the name "Postcards from the Ghost Ship" and posting them on my Instagram account. These exercises have helped me to cope this whole situation, being in contact with the people who follow me, and have kept me mentally healthy and actively creative, at the same time, it has given me great satisfaction to be able to accompany the isolation processes of many people around the world, who have enjoyed some of my performances, sharing my posts and sending hundreds of messages of appreciation and support during these tough times.

More than two months have passed already and as I write this story, except for some colleagues from Indonesia and some others from Australia who will leave in the upcoming days, I´m the only musician left on board, my employment contract officially ended a few days ago and although I have the fortune of having food and a place to sleep, sleeping has become quite difficult lately, anxiety is constantly present and hope falters. I can't wait to hear my name being called to board a plane home.

So far, the repatriation for most of the personnel from countries that still keep their airports open, such as England, the United States and some countries in Europe, has been achieved. Others who keep their borders closed, such as the case of New Zealand, have managed to arrange humanitarian flights, all this through complicated negotiations with countless government agencies, involving a real drama of packing and unpacking luggage over and over, extremely tight deadlines to get all the documentation in order, disembarking the ship on lifeboats with all the luggage on the shoulders, real marathons to get on time on board the few flights available (many of them being lost in the last minute) and going thru three or more days journeys, transfers and connections around the world keeping the face mask on all the time until finally reaching destination, in most cases, to comply with the quarantine required by local authorities.

Meanwhile I´m still on the waiting list because, unfortunately, there are no commercial flights to Colombia yet and although the company has done everything possible, it has been very challenging to book any of the repatriation flights that the Colombian Foreign Ministry has arranged, this largely due to the fact that none of these flights departs from the city of Manila where we are located. I must point out that the support from Colombian government entities has been practically nil thus we feel quite abandoned. I understand that a large group of Colombian cruise workers from another company were transferred by boat to Cartagena and they are still waiting as the government did not allow them in. Since we are a minority here, it is much more difficult for us to be taken into account, unlike other countries such as Argentina, which although it also has a complete closure of its borders, its officials have been genuinely concerned and ready to streamline the repatriation process, maintaining direct and constant communication with their citizens until they are effectively placed on flights organized by the government.

Today I ask Colombian government entities to heed our message of help, in our case we are fortunate to be backed by a company that can afford the high prices of these "humanitarian flights" and even so, a success repatriation process has not been achieved, I can hardly imagine those who will have to pay for the return home at their own expenses. I hope that someone can intercede for those who, like me, are waiting to return home to meet with our loved ones, we need solutions now, our families are waiting for us.

Manila, Philippines

May 19th 2020


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