Dulce condena

Imagina cuán diferente sería la situación que estamos viviendo sin internet o simplemente sin redes sociales. Podría decirse que sería mucho más difícil aun de llevar, que nuestras posibilidades de socializar y de mantener una vida laboral disminuirían radicalmente. También podría pensarse que sería al contrario, que quizás estaríamos mejor sin internet y sin esa ilusión de conexión que nos brindan las redes sociales.

A pesar de lo difícil que sería para la humanidad que en este momento la internet se cayera permanentemente de manera global y quedásemos sin la posibilidad de seguir trabajando, estudiando, socializando y prácticamente viviendo online, quizá sería una buena experiencia para esta generación, volver a vivir como se vivía antes de la aparición de la tecnología y el desarrollo industrial desaforado, vivir a otro ritmo, aprendiendo otras cosas, nada que tenga que ver con pantallas, al final, con otras aspiraciones vitales.

Me cuesta realmente acostumbrarme a una vida en la que día a día tenga que pasar horas enteras frente a una cámara o una pantalla y que todas las actividades que se venían realizando de manera presencial tengan ahora una solución en lo virtual, porque eso nos obliga a pasar mucho tiempo “conectados”. No es conexión, es conectividad, estar conectados a un aparato para estar conectados entre sí, pero cada vez más desconectados de la naturaleza y de lo humano.

En el caso de los niños, a quienes de verdad se les ha arrebatado casi por completo su esfera social y mermado al mínimo sus posibilidades de esparcimiento al aire libre, asombra cómo pasan horas enteras frente a su ordenador o tablet y su día transcurre entre clases, tutoriales y actividades de entretenimiento y no tienen opción de salir a liberar toda esa energía en actividades lúdicas. Lo que los niños en estos meses han venido atravesando, a nivel global pero especialmente en las ciudades, es algo insólito. Su imagen con máscaras y tapabocas. No lo alcanzo a imaginar, a mí nunca me tocó algo así en mi niñez, algo que se puede comparar con vivir una guerra, dónde hay que cuidarse de un enemigo invisible que a la final es cada una de las personas alrededor, es una guerra en contra del humano y por lo tanto, me parece que puede llegar marcar de manera tremenda sus vidas.

Aclaro, yo celebro que alguien pueda hacer un doctorado online en cualquier universidad del mundo, que pueda saludar a mi familia al otro lado del mundo por medio de una video llamada, que pueda transmitir al mundo entero desde mi casa si se me antoja, que muchas actividades se puedan sistematizar, la internet es maravillosa, es una poderosa herramienta y puede ser bien o mal usada como cualquier herramienta. Lo que es muy complejo en este momento es que el mayor porcentaje de las actividades del día a día, las realizamos por medio de una pantalla.

En el caso de Las Artes, realizar funciones, conciertos virtuales, está bien, como alternativa es grandiosa, pero jamás llegará a sentirse y a escucharse como cuando las personas están cerca, en un mismo espacio, compartiendo la magia de la creación. Yo, al igual que todos los colegas músicos, extraño inmensamente la experiencia de tocar en vivo, sin embargo la idea de que los artistas puedan hacer sus shows desde la comodidad de sus casas para un público que los ve igualmente desde la sala de sus casas, es algo maravilloso, pero definitivamente limitado, simplemente no es comparable. La sensación es extremadamente rara y preocupa pensar que el mundo se acostumbre a esto porque ciertamente yo, como músico, lo encuentro falto de alma, ritual incompleto, falto de humanidad.

Lo cierto es que éste podría ser el panorama global permanente, el modus operandi en adelante y por un muy buen tiempo para todos y si queremos seguir sobreviviendo, debemos tomar partido y buscar la forma de “adaptarnos” o más bien someternos a la “nueva normalidad” o simplemente salir a luchar en contra de ella.

Bogotá, Junio 28 2020

ENGLISH

A Sweet Sentence

Imagine how different the situation we are going thru with no internet or simply no social media networks would be. Arguably, it would be much more difficult even to carry, that our chances of socializing and maintaining a working life would dramatically decrease. It could also be thought that it would be the opposite, that perhaps we would be better without the internet and without that illusion of connection that social networks provide us.

Despite how difficult it would be for humanity at this time the internet to permanently fall globally and be left with no possibilities of having a job, study a degree, socialize and practically live your whole life online, perhaps it would be a good experience for this generation, to return to how it was before the appearance of technology and unbridled industrial development, live at a different pace, learning other things, nothing to do with screens, in the end, with different vital aspirations.

It is really hard for me to get used to a life in which day after day I have to spend hours and hours in front of a screen or a camera and that all the activities that were being carried out in person in the real world now there´s a virtual solution to it, because that forces us to spend a lot of time "connected". It is not connection, it is connectivity, being connected to a device to be connected to each other, but increasingly disconnected from nature and from the human.

In the case of children, who have truly had their social sphere almost completely taken away and their possibilities of outdoor recreation reduced to a minimum, it is unbelievable how they spend hours in front of their computer or tablet and their day passes between classes, tutorials and entertainment activities and they have no option to go out and release all that energy in thru games and ludic activities. What the children in these months have been going through, globally but especially in the big cities, is something unusual. His image with face screens and masks. I just can't imagine how it feels to be a kid these days, I never went thru anything like this in my childhood, something that can be compared to living a war, where you have to take care of an invisible enemy that in the end is each one of the people around, it's a war against humanity and therefore, it seems to me that it can come to mark their lives tremendously.

Don´t get me wrong. I celebrate that someone can do an online doctorate at any university in the world, that I can greet my family on the other side of the world through a video call, that we all can transmit to the whole world from our house if we feel like it, that many activities can be systematized: Yes, internet is wonderful, it is a powerful tool and it can be well or badly used like any other tool. What is very complex at the moment is that the highest percentage of day-to-day activities are carried out through a screen.

In the case of the Arts, performing functions, virtual concerts, is fine, as an alternative it is great, but it will never feel like the real thing and will never be heard as when people are close one to another, in the same space, sharing the magic of creation. I, like all fellow musicians, miss the experience of playing live immensely, however the idea that artists can do their shows from the comfort of their homes for an audience that also enjoys them from their living room It's a wonderful thing, but absolutely limited, it's just not comparable. The sensation is extremely rare and it worries me that the world gets used to this because certainly I, as a musician, find it lacking in soul, an incomplete ritual, lacking in humanity.

Truth is, it might be the case that this will be the permanent global panorama, the modus operandi from now on and for a very good time for everyone and if we want to continue surviving, we must take sides and find a way to “adapt” or rather submit to the “new normality” or simply go out and fight against it.

Bogotá, June 28 2020


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