¿Para qué un mundo sin abrazos?

El amor en los tiempos de la pandemia.

Aunque parece que para muchos lo virtual se presenta como la solución para mantener una vida social activa y posiblemente también alguna forma de vida laboral, yo confieso que no quiero vivir atrapado en una pantalla. El distanciamiento social ha sido tan necesario (por lo menos eso parece) como cruel. De ninguna manera podemos permitir que se nos arrebate aquello que nos hace humanos: la capacidad de abrazarnos, el mirarnos a los ojos, el roce de la piel, el salir a caminar de la mano y contemplar un bello paisaje.

Los niños, que supongo miran toda esta situación desde sus ojos inocentes, han tenido que posponer sus juegos sagrados, sus rondas, sus tardes jugando a revolcarse en el césped y todo esto sin entender muy bien el por qué. Un nuevo mundo que considere estas cosas como no esenciales y donde los niños sean vistos con malos ojos si salen a jugar al parque, simplemente no merece ser vivido. Se entiende que nadie quiere que enfermen, pero imaginar que en el futuro los niños deban jugar usando un tapabocas y vivir pendientes siempre de conservar dos metros de distancia al relacionarse con los demás niños me parece un absoluto despropósito.

Con la excusa de la prevención de un contagio masivo, los líderes mundiales han logrado demostrar qué tan sencillo puede llegar a ser cambiar la dinámica de vida de toda la población. Cuando todo regrese a la “normalidad”, esa normalidad perfectamente podría ser una en la que las personas despierten despojadas de muchos de sus derechos y libertades (como siempre pasa después de un acto importante de falsa bandera).

Así, esta “nueva normalidad” podría ser un estado en el que la población sea altamente monitoreada, se estigmatice la congregación de personas, se nos dicten horarios para salir, se impongan restricciones para relacionarnos socialmente haciendo énfasis en la individualidad y buscando aislar a las personas constantemente. Nos veremos obligados a buscar nuevas formas de expresar el afecto pues aún el amor será visto como sospechoso. Tendremos que encajar en una dinámica en la que por igual los niños deben aprender nuevas formas de jugar y las comunidades, buscar nuevas formas de protesta social, distintas a las de salir a las calles en masa, por ser éstas, conductas que violan los protocolos de salud pública.

Esta nueva situación será aceptada por las poblaciones como legítima, porque su objetivo apunta a mantenernos libre de posibles contagios, pero en realidad está fundamentada en una campaña de terror psicológico global llevada a cabo por todo el establecimiento en complicidad con los medios de comunicación por los últimos meses y que nos muestra el mundo virtual como tabla de salvación para las necesidades de interacción social de las personas.

Estar aislado en el mar, en el medio de la nada por tantos días ya, mientras afuera el mundo cambia radicalmente, me ha impedido ser testigo directo de cómo se desarrolla esta tragedia en las ciudades y si algún día salgo de acá, seguro se sentirá un poco como el cosmonauta que regresa de un viaje al espacio para encontrar que lo que parecían unos cuantos días en realidad fueron años y que todo lo que conocía del mundo ya no está, nada es como antes, todo cambió, cómo en un capítulo de La Dimensión Desconocida.

Habrá que esperar un tiempo para ver si algún día podremos volver a abrazarnos, a estar unidos, a asistir a un festival de música sin tapabocas, a que los niños puedan correr y jugar libres, ojalá así sea porque si esto no ocurre, definitivamente se habrá conseguido que la humanidad entera entregue una vez más, a voluntad pero de forma impuesta, parte de sus libertades.

La foto que acompaña esta entrada la tomé hace unos de meses ya, en el metro de Singapur, durante mi última experiencia en tierra (han pasado ya más de dos meses). Observaba que tan solo uno o dos de cada veinte individuos no usaba su teléfono celular durante el viaje, los demás iban inmersos en la pantalla de su móvil, independientemente de que viajaran solos o en compañía, a mis ojos se veían como seres ya aislados, con el distanciamiento social instalado en sus mentes antes de que fuera una realidad tangible, una imagen francamente aterradora, aunque cada vez más común por estos días. Nos han estado preparando para aceptar el aislamiento y la desconexión de los humanos con sus entornos y entre sí. Ver esto me hacía pensar en que estamos a muy poco de ver cómo desaparecen los dispositivos móviles externos para ser reemplazados por implantes, como algunas películas y series de televisión nos han venido mostrando.

Aislados de los demás por voluntad propia, aún en los tiempos en que se gozaba de la libertad de estar a centímetros los unos de los otros, ahora que el distanciamiento social es la norma, cada vez será más exótico ver a dos personas viajando en un tren inmersos no en sus pantallas sino en una acalorada discusión sobre cualquier tema trivial o trascendental y ser humano, será cada vez más considerado como algo pasado de moda.

Mayo 12 de 2020

A world without hugging ¿And what for?

Love in pandemic times

Although it seems that for many, the virtual world is presented as the solution to maintain an active social life and possibly some form of working life as well, I confess that I really don´t want to live trapped on the black mirror. Social distancing has been as necessary (at least it seems to be) as cruel. There is no way we can allow what makes us human to be taken away: the ability to embrace us, to look into each other's eyes, the touch of skin, to walk hand in hand and contemplate a beautiful landscape.

The children, who I suppose look at this whole situation from their innocent eyes, have had to postpone their sacred games, their rounds, their days rolling around on the grass and all this, without understanding very well why. A new world that considers these things as non-essential and where children are frowned upon if they go out to play in the park, is simply not worth living. It is understood that no one wants them to get sick, but to imagine that in the future children should play wearing a face mask and always be aware to keep two meters away when interacting with other children, seems to me an absolute nonsense.

With the excuse of preventing massive contagion, world leaders have managed to demonstrate how easy it can be to change life dynamics on an entire population. When everything returns to “normality”, that normality could perfectly be one in which people wake up stripped of many of their rights and freedoms (as always happens after a major false flag act takes place).

Thus, this "new normal" could be a state in which the population is highly monitored, the congregation of people is stigmatized, schedules are set for us to go outdoors, restrictions are imposed to socially relate, emphasizing individuality and seeking to permanently isolate people. We will be forced to look for new ways to express affection because even love will be seen as suspicious. We will have to fit into a dynamic in which children must learn new ways to play without getting closer to each other and communities must seek new forms of social protest, different from hitting the streets en masse, for these are behaviours that violate public health protocols.

This new situation will be accepted by the populations as legitimate, because its objective aims to keep us free of possible contagions, but in reality it´s based on a global psychological terror campaign carried out by the entire establishment in complicity with the media throughout the recent months and that sells us the virtual world as a lifeline for people's social interaction needs.

Being isolated at sea, in the middle of nowhere for so many days already, while outside the world changes radically has prevented me from being a direct witness of how this tragedy unfolds in the cities and if one day I´m finally able to leave, surely it will feel like the cosmonaut who returns from a trip to space to find that what seemed like a few days, was actually years and that everything he knew in the world is gone, nothing is how it used to be anymore, everything changed, pretty much like an episode from The Twilight Zone.

We will have to wait a while to see if one day we can hug each other again, be united, attend a music festival without masks, so that children can run and play freely, hopefully we will see that again because if not, Humanity as a whole once more, at will but in an imposed way, would have surrendered part of its liberties.

The photo that accompanies this post was taken a few months ago already, in the Singapore metro, during my last experience on land (more than two months have passed). I observed that only one or two out of twenty individuals did not use their cell phone during the trip, the others were immersed in the screen of their mobile, regardless of whether they travelled alone or accompanied, to my eyes they all looked already as isolated beings, with the social distancing installed in their minds before it became a tangible reality, a frankly terrifying image, although increasingly common these days. They´ve been preparing us to accept the isolation and disconnection of humans with their environments and with each other. Seeing that image made me think that we are not far away at all from seeing external mobile devices disappear to be replaced by implants, as some movies and television series have been showing us.

Isolated under free will, even in the days when we enjoyed the freedom of being inches away from each other, now that social distancing is the norm, it will be increasingly exotic to see two people traveling on a train immersed not in their screens but in a heated discussion on any trivial or transcendental subject and being truly human, it will be increasingly considered old-fashioned.


May 12 2020





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